Y, sí, por un instante contemplamos el
mundo en ojos ajenos
Trasmigrando al indigente que
mendiga monedas en la esquina
Nuestro hogar, encontrándolo en las calles.
Viéndonos a nosotros mismos en los ojos de su
leal compañero, sintiendo calidez en su mirada.
En busca de alimento caminando por la calle, debatiendo nuestra vida entre el bien y el mal, aumentando nuestra hambre con cada minuto transcurrido, pensando confusamente, viendo el mundo artificial....Observando la misericordia y compasión del sujeto que por unos instantes rompió las cadenas que lo mantenían cautivo en una mazmorra custodiada por el eggo
ofreciendo su alimento como muestra de amor así el prójimo
compartiendo con nosotros esa muestra de altruismo ...
Richard Dick Andersson

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